Ave Caesar, morituri te salutant

En ese breve lapso de tiempo que transcurre entre la vida y la muerte, en donde algunos regresados (dije retrasados?) creen haber adivinado una luz muy blanca al final de un túnel muy oscuro, es cuando los ateos irreductibles tienen la última oportunidad de encomendar su alma al Altísimo y los creyentes numerarios ­—esos que se creen cualquier cosa— de gritar en un respetuoso silencio de confesionario: ¡Papi! Why you leave me now?.

Profundamente preocupados por esta hipótesis, un grupo de científicos evidentementenorteamericanos en un proyecto co-financiado por la NASA, el National Geographic Channel y Alcohólicos Anónimos, ha estado investigando para obtener una pastilla de color verde, claro, que tomada poco antes del deceso, evita que el interfecto, o simplemente moribundo, pueda emitir ningún sonido (sic: ¡Me cago en Dios, la Virgen Puta y todos los Santos Maricones!) o adoptar cualquier postura indecorosa (gráficamente: dedo cordial estirado y vibrando sospechosamente o puño izquierdo en alto).

A raíz de esta esperada noticia que no aclara el sentido de la vida pero impide preguntarse el por qué de la muerte, el Vaticano ha recomendado a sus fieles no salir a la calle sin ella. De hecho, puntualiza, ocupa menos espacio en la cartera que un preservativo.