Me dolería demasiado admitir que esto, que todo lo que sigo haciendo como si se tratara de una ofrenda en tu honor, una manera sutil, absurda y enfermiza de maldecirte. O, tal vez, el único tratamiento que me ha resultado válido para irte olvidando, igual que, poco a poco, nos engañamos todos, alguna vez, para ir dejando arrinconados tantos amores y sueños perdidos por el camino. Con la perspectiva del olvido, con la ilusión de la felicidad forjamos nuestro carácter y nos convertimos en esto que creemos ser: personas.