La naturaleza nos une. Antes fue una intuición, una esperanza, una ilusión. El mar se empeña en separarnos ahora. A eso contribuyeron mi estupidez y tu cobardía.
Pero la distancia es mensurable y no puede crecer más allá de este planeta. Sin embargo la genética, el alma, el amor y nuestros cuerpos no pueden abstraerse de esta realidad, incomprensible pero inmutable.
Así sé que de nada sirve separar el Yin y el Yang, el bien y el mal, la noche y el día: el todo sin su parte no existe, y cada parte es causa y efecto del todo.