plazacairasco

Querido imbécil dos puntos

Podría decir queridos imbéciles y queridas imbécilas, pero voy a sacarle provecho a esa característica que tienen todas las lenguas que han sido, la de la economía; y no, no voy a hablar de la crisis. Por cierto ¿no tendrás un trabajo, para mí, de esos que mi madre (y la tuya) llamaría decentes?

Por estas cosas del calendario, hoy es Navidad, no ayer, no hace una semana. Tal vez te haya pasado como a mí, que hoy has recibido una o ninguna felicitación y, sin embargo, ayer te llegaron decenas o cientos de sms, pps y cosas por el estilo.

Ayer fue Noche Buena. Es más, no dudo que, incluso, exista alguien que de verdad la haya tenido y, espero sinceramente, que seas tú. Nadie me deseó buena noche, sólo Feliz Navidad. Me molesta sobremanera que el día del cumpleaños de mi hijo nadie me diga felicidades. Porque si es verdad que hace miles de años nació un tipo allá por Belén, a mí, no me toca nada, en ningún aspecto, y no conozco a su familia. Sé que a nadie le debería importar esa fecha tan señalada para mí, pero por lo visto estoy obligado a seguir tus tradiciones, a celebrar el día en que tú crees que nació tu Dios.

Sin embargo, me parece una excusa perfecta para desear que todo el mundo sea feliz, más que sea por una noche o un día, aunque la cambiaría por 364 días así: supongo que todos. Esto no es más que una tradición robada por la iglesia católica, como todas sus celebraciones, y como tal la respeto por tener unas raíces que llegan a la época de las cavernas, en la que llegado el solsticio de invierno, el mejor regalo que un casi ser humano podía recibir era un trozo de carne seca, un hogar encendido y un abrazo de sus seres queridos, más reconfortante que cualquier cosa material.

Disculpa que, por este año, no te envíe mis felicitaciones. Pero, eso sí, del abrazo, de ese no te salvas. Amén.