La fidelidad en la era informática

¿Tristeza? ¿Esa melaza pegajosa, dulzona, adherente e inevitable era la famosa tristeza? Pues, vale.

¿Recuerdas? ¿Será esa pregunta la causante, la cómplice de esta melancolía absurda, de esta nostalgia vana? Aún así ¿te acuerdas de cuando…? A lo mejor, incluso, ya conseguiste averiguar el por qué -del cómo jamás nos olvidaremos-. Sin embargo, sigo aquí, y tú ahí, y no pasa nada. Y este es el castigo más grande que se me ocurre imaginar, la mejor tortura para flagelar la inutilidad de cada pregunta, el miedo a cualquier respuesta.

¿Cobardía? ¿Acaso no huíamos de esa palabra como de la peste, negra, marchita, mortal? No sé si habrá valido de algo toda esta lucha. Sólo sé que la ecuación no dio al final infinito, para siempre, pase lo que pase o lo que pueda pasar. No estaría escribiendo esto, y esto casi te lo puedo jurar. Estaría incluso amando, si eso fuera posible o probable.

¿Recuerdas? Insisto, por ejemplo, una noche de, digamos junio, pongamos que hablo de cualquier ciudad amada y odiada, caminando tan borrachos como excitados, con tantas ganas de llegar como de que el mundo se apagara en ese mismo instante, porque no hacía falta nada más que el roce de tu mano, de tu piel o mi brazo en tu cintura y no más mezcla-mezcal, no más tequila, chelas, sangría, margaritas si, total, la única mezcla posible, química y físicamente, era la de nuestros sexos y un Monopoly erótico de bodega y esposas.

¿Y qué se supone que tiene que ver todo esto con la informática, con la IP’s y los perfiles con fotos a las que nunca respondería si no creyera en la locura del la garganta del zenzontle, o de u colibrí aleteando entre flores y bebederos en una navidad de tianguis buscando presentes para un futuro?
Sólo una o dos cosas tienen que ver, o mirar, oír o escuchar con la cibernética del Amor 2.0. Que cuesta lo mismo decir «sí quiero» (con un amasijo de nervios y traje de manta) que ponerme, siglos después, como No admitido y bloquear el corazón como quien elimina un nick en el MSN, en el MiSiN, you.