La naturaleza nos une. Antes fue una intuición, una esperanza, una ilusión. El mar se empeña en separarnos ahora. A eso contribuyeron mi estupidez y tu cobardía.

Pero la distancia es mensurable y no puede crecer más allá de este planeta. Sin embargo la genética, el alma, el amor y nuestros cuerpos no pueden abstraerse de esta realidad, incomprensible pero inmutable.

Así sé que de nada sirve separar el Yin y el Yang, el bien y el mal, la noche y el día: el todo sin su parte no existe, y cada parte es causa y efecto del todo.
Y también sé que son palabras, o sentimientos travestidos, perras negras explorando una página aún por escribir en busca de la perra reina, que por más usada, por más que te repita, jamás dejará de darle sentido a todo esto, a ti, a mí, a todo.