A pesar de mi falta de fe (más inexplicable aún en mi caso) te concedo que todo empezó en el Big Bang.  Acepto que juguemos con nuestros cuerpos como paradigma de una singularidad primigenia de la creación de nuestro propio universo en expansión, de la génesis de eso que ahora denominamos Nosotros, Tú y Yo.

   A pesar de mi incredulidad y anisotropía −por no llamarlo abiertamente ignorancia exponencial− en fenómenos más o menos sobrenaturales o pseudo-científicos, debo reconocer que cuando te vi supe que era cierto, que las ecuaciones de segundo grado tendían al infinito.

   Sabes que fue en un espacio muy determinado y ultra-moderno donde se fusionaron nuestras partículas elementales, que nos acusarían, ene veces, de locos e ilusos, y nos veríamos imposibilitados para hacerles entender que, pese a las apariencias, girábamos en torno a una órbita segura, y que para la atracción gravitacional que sentíamos no existirá teoría, ni general ni particular, que la formule; no ya con números, sino con palabras.

   Y, lo más raro (más incluso que yo) es este maldito y bendito tiempo que he tardado en encontrarte. Maldito porque siempre es tanto cuando llegas a desesperarte, a perder incluso las ganas y la esperanza (ya sabes, esa −y dale!− puta vestida de verde) que no sabes ni quién eres ni adónde vas. Bendito porque, aquí estás, y eres y pareces y reapareces en tu nave nodriza para refutar guarismos y matemáticas puras.

   Y ahora que estamos aquí, y sabemos a ciencia cierta que no existen ni más ahoras ni más aquís (aquíses?) sino este sabroso espacio-tiempo que hemos creado a imagen y semejanza de nuestros sueños, me tomo la libertad de declararme culpable, culpable, culpable de querer precipitar este horizonte de sucesos y ver adonde llegamos. Sabes que tendremos que atravesar ese agujero negro que intenta tragarnos con su masa infinita, su ralentización falsamente plácida, su abrumadora densidad, su viene-viene, sus hubieras y sus quisieras.

   A lo mejor el problema o, mejor aún, la solución, pase por no plantearnos el por qué, como  cuando nos expandíamos sin mirar atrás y creíamos, sabíamos y deseábamos usar el universo entero como zacate con que tallar nuestros cuerpos en un baño de espuma cuántica, en la bañera con patas de nuestra galaxia, justito ahí, entre, sobre, dentro de las cobijas.