Y, ahora, cambiemos el mundo, que tú ya has cambiado el mío.

No nos amarremos más con estás cuerdas que tanto daño nos hicieron en las muñecas, justo cuando nuestras manos andaban juntas por la calle, con aquella sensación indescriptible, como si no hubieran pasado tantos años desde la adolescencia.

Si pudimos aprender tantos trucos (y tan sólo un trato) para sobrellevar esta -aquella- maldita cotidianeidad, este cada día sin tantas noches, a cuento de qué no vamos a creer que esta (puta, perdona la repetición y no me critiques) vida nos da segundas oportunidades. No, no es una pregunta, es -llámalo como quieras- una corazonada, nunca mejor dicho.

Vale ya de inventar platillos de haut cuisine con los recuerdos; en todo caso, en toda casa, un buen caldo picoso de camarón para aliviar la cruda de una noche cualquiera, o de esa noche con juegos de mesa para dos: juegos de dos.

Y eso que había dicho que vale ya de recuerdos. Pero bueno, dejemos ciertas preguntas y pasemos palabra, más que nada porque ya sabemos las respuestas y, a lo peor o seguramente, no nos gusten ahora mismo.

Por eso, precisa y sencillamente por eso, es que me dan ganas, y casi siempre me late, salir corriendo hacia donde sea (directamente hacia ti), aunque a mí también me pasa que, en otras… Pero, sabes? No tienen tanto peso específico, se me vuelven tan etéreas, absurdas que me mata saber que nos hicieron tanto daño que, aún hoy en día, estamos, necesitamos (y queremos) lamernos las heridas.

En fin, a quién le toca?