Enciendo un cigarrillo (y otro más…) y parece que no tiene ninguna importancia, pero es domingo. Hoy es domingo, aunque leas esto y ya sea lunes o viernes. Incluso si no lo lees.

   Siempre creí que era más difícil escribir cuando no tenías nada que contar. Me equivocaba, para variar. De la misma manera que es más complicado vivir cuando «te mueres» de ganas.

   El tiempo te vuelve a jugar una mala pasada, y se te paran los pulsos, y el segundero con forma de gusanito te saca la lengua mientras sigue taladrando con la dentadura postiza de vampiro la mazana del viejo Guillermo.

   No es que nada valga la pena, lo malo es que cualquier cosa, o lo más importante, tenga que valer «la pena«.

   ¿Que de qué estoy hablando? Volvamos al principio y a lo mejor conseguimos un happy end.

   Recuerda, es domingo. Recuerda cualquier detalle, cada mirada, aquellas pequeñas cosas. Escucha esa melodía que no sabes dónde la escuchaste y se te quedó tatuada en lo más profundo y vuelve a fluir una y otra vez, agazapada tras la esquina traicionera de la nostalgia.

   Prueba a repetirte cualquier mentira nutritiva, a deshojar la margarita del odio, a degollar al corazón con una pestaña, y pedir un deseo.

   De uno mismo depende que la vida se convierta en un vicio autodestructivo y levantarte tempranito para  decirle buenos días  a una almohada empapada  de rencor y arrepentimiento, o en una sustancia que, usada en su justa medida, deje de ser un veneno y se troque en un placer que sólo reconocen los valientes.

   «NO» es una palabra, un paradigma, una forma de entender, o intentar aprehender, todo lo que se sucede de la cuna a la tumba.

   Seguramente fue la primera palabra que salió de entre mis labios y una chupa mojada de iluisones. Y aún así, hoy por hoy, después de todo, antes de nada, now and forever and ever, creo estar en el momento justo de negar la mayor y,  en lugar de un simple, bastardo y rotundo «no«, jugarme la camisa y su interior a pecho descubierto, arriesgar mi vida entera en un… SI?