Ahora dime qué te han de ofrecer
la tardes perdidas, tu sangre en mi piel,
la casa cansada, la manta en el sofá,
la tele encendida, las ganas de llorar.
Y ahora dime qué te van a dar
la paz en tu vientre, la calma del mar,
gaviotas cansadas, mi sombra en el sofá,
la brasa encendida, las ganas de matar.
«Eres». Ismael Serrano

En qué nos hemos convertido. Tanto tiempo, culturas, filosofía. Tanta lucha de clases, huelgas, derechos y deberes para terminar diciendo, un noche, en la barra de un bar, con una súplica reivindictiva: En mi tiempo libre nadie puede decirme que debo hacer.

Tres-por-ocho-veinti-cuatro-te-co-mió-la-len-guael-gato. Y mírate dónde estás. Como estás. La justicia social y el sistema funcionan perfectamente. Ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de descanso. Suma y sigue.

Ya pierdes una hora, de sueño o de ocio, porque del trabajo no se puede descontar, sólo para despertarte, afeitarte -la barba, el coño, da igual- y otra hora y media de tráfico y miradas asesinas. Ocho horas, estas sí, completitas de trabajo, y de vuelta a casa tu otra hora y media de vida perdida en la carretera, y preparar las cosas para mañana, bañar a los niños o darle de comer al gato y a su puta madre…. la raíz cuadrada de pi tres catorce más dos por culo me llevo quince…

Pero tiene un por qué, un motivo, una razón para ser y luchar. El cotidiano y simple gesto de tu beso justifica la vida. Y si no, tengo, tengo… Peter Pan, Pan, Pan niño inquieto, cuando aprenderás a estarte quieto, Pan, Pan, Pum!!