El espejo del alma
Tú me pedías que nada fuera verdad; yo te reclamaba que todo fuera mentira. Abusábamos de los espejos
Tú me pedías que nada fuera verdad; yo te reclamaba que todo fuera mentira. Abusábamos de los espejos
A Mario Benedetti Y bueno, es Barcelona y son las doce de la noche, aunque para mí sigan siendo
¿Y, si en el fondo no fuéramos más que el resultado, siempre inexacto, de un puñado de reacciones químicas?
Después llegará el tiempo de las quejas. No recordarás el amor en las tardes de domingo, paseando por el
En la noche de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo que circula por mis venas, han alcanzado las
Me dices: Estoy desnuda ¿no quieres venir? Y mi libido se pelea con la rabia contenida, con la
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